Y no, no es todo tan horrible, puedo andar aunque no sepa hacia donde. La predicción del tiempo también tuvo sus consecuencias, los días que daban lluvia la gente no salió de casa, solo los imprudentes disfrutaron de un sol no esperado. Y la vida se construye así, de pérdida y ganancia, de aciertos y errores, de sol y de lluvia, de sueños y asfalto, de luces y sombras. La incredulidad lo puede todo, la verdad lo corrompe, la mentira seduce y las palabras nos atan. ¿Qué nos queda bajo el paraguas en mitad de la tormenta? ¿Cuántos artilugios habremos inventado para evitar luchar?¿Cuántos rascacielos que nunca tocaran el sol? Espejos y microondas, ¡ya estamos todos!
Podría seguir hablando de música, películas, amor, estudio, comida, sueño, suelo, cielo, luces y ruinas, pero todo se construye y se destruye y los mortales creemos existir, todo un suicidio colectivo, caminando en una sola dirección, inútiles todos, inútil todo, abismos y paredes, tan parecidos. Que locura pensar que somos algo fuera de nosotros, yo solo se sentir, crear y guardar, me siento en cualquier borde y juego a saber de que hablan las cosas inertes, todo inerte. Con este viento arrastro este momento a la cámara de gas, toxicidad, veneno para brindar por mi papel protagonista en esta historia, la única que conozco.Aun seguimos pensando que podemos despegarnos de nosotros mismos para no volvernos locos, que utopía mas pomposa, olvidar que no vemos más de lo que nuestra anatomía nos permite es olvidar que nuestra mente nunca conseguirá equilibrarse. Como una escopeta de feria siempre andamos desviados, hacia la izquierda o quizás a la derecha, mientras las coordenadas norte, sur, este, oeste, espacio, tiempo, noche y día pretenden situarnos.Que ingenua es la mente humana creyendo en mitades, en porciones de un globo azul y marrón colgado en la pared, gastando números, absorbiendo letras, vomitando hasta reventar cualquier ley física o natural, plantando la anormalidad en nuestros balcones y muriendo sin oxígeno en el calor de nuestros límites. Que cínico es todo lo que somos y tenemos, creo que seremos capaces de colgarnos la luna al cuello y bebernos el mar sorbo a sorbo, somos tan grandes y sabios que algún día moriremos en la hierba que no ha crecido, oiremos un “gracias por venir” un segundo antes de irnos, y solo al final nos darán la bendición por callar el suicidio de algún Dios.
Aunque esté cansada y el cuerpo me pese de sentir, escuchar y hablar, la noche siempre me rapta. Me encierra en su cápsula del tiempo donde todo se vuelve blando y solitario,
y me da por pensar en dibujar otra época en las paredes de este cuarto, en las sábanas de esta cama que aun en invierno arden de sueños, sueños perdidos por los rotos de alguna realidad. No se puede romper el tiempo, pero sí sus tejidos. No podemos no pertenecer a este momento pero si podemos jugar a saber lo que hubiésemos sido. Si podemos inventarnos que las luces, la rapidez en las palabras, la falta de emoción y los te quieros abreviados ya no existen, que nunca existieron las corrientes metálicas.¿Merece la pena vivir para contarlo o morir para callarlo? Echar de menos lo que aun no ha terminado, encontrar una solución aun sin saber que nos preocupa, tallar una verdad en el polvo mas efímero, perdernos en el vicio del amor y el egoísmo, dormir sin querer saber lo que hay que hacer mañana, soñar que el mundo cambia, convertir el blanco en el color preferido de nuestros miedos, la razón en un veneno, lo oscuro en algo eterno.¿Qué es lo que de verdad nos compensa?, si en el mundo los valores cambian la forma-de forma, si los "nuncas" fueron el eco de los "siempres" de un deseo. Así, sin más, este tejer de arañas nos come por dentro. Tragamos alfileres y uno a uno hicieron tetris en nuestras tripas. Ahora ha llegado el momento de sangrar, de escupir, vomitar la rabia, la ausencia, el miedo, el placer, el odio, la esperanza, el sueño, la tristeza, represión, sudor, dolor, amor.
Siento el mundo acelerar el tiempo, y mi reloj se ha parado en el momento menos oportuno. Los días me han abandonado a la corriente del desastre, el caos me ha preñado y no pudo criarlo sola. Una vida perra está por llegar, ancianos hambrientos comen niños, las mascotas abandonan sus hogares para hacerse dueños de sus males, los extraterrestres nos han declarado la guerra, las personas decentes se han tirado por el balcón. Una vez mas he vuelto a terminar donde empecé, un cuerpo plantado en las peores tierras de la ciudad, el asfalto. Quebrado por dentro, morbosamente bello, maniático desde el silencio, extasiado por los pies y olvidado por las manos. Que empiece la fiesta de las plantas mutantes y los corazones voladores, que llueva sangre y se alimenten mis raíces. Que alguien me compre un bozal para este corazón, y una correa para estas manos intranquilas. Hoy está todo muerto y la gente no parece oler la putrefacción de sus cuerpos.
Quizás tenga “razón” Nietzsche y quienes más saben de felicidad son las mariposas y las burbujas de jabón. ¿Pero sería posible encontrar en sus formas lo humano? La mariposa es libre en su espacio abierto, tanto como el hombre en lugares que aun no ha gobernado, ni venerado, ni construido, ni aniquilado. La gran diferencia es el medio. En el aire nada se sostiene y todo es dinámico, en cambio en la tierra, los pasos se clavan, haciendo herida y cicatriz en todos sus habitantes. Si la mariposa choca contra su reflejo, está muerta. Es por esto capaz de felicidad a diferencia del hombre. En la tierra del homosapiens aprendimos a vivir viendo en los demás nuestros propios desastres, mientras que la mariposa aprendió a volar y a no hundirse en el charco de su yo más real y temido.
El hombre no sabe sentirse vivo, su cuerpo y su verdad se entrelazan con lo real y la fantasía. Pierde así el sentido de estancia en el pasado, la existencia en el presente y de horizonte en el futuro. No sabe ya distinguir entre cristales y tejidos. Sus ojos no palpan ni escuchan el ruido de fondo que dibuja la fotografía del mundo. Todo queda plano, y aun así seguimos insistiendo en hiperdimensiones y voces ectoplasmicas…y es que no tenemos solución, siempre quisimos parecer lo que no éramos, y nuestra burbuja terminó por explotar. Ahora vivimos en un sueño caducado, y el aire cada vez nos roza menos.
Cuando me senté enfrente del ordenador para empezar a reflexionar sobre cualquier cosa, se me vino tanto a la cabeza y a las manos que no supe cómo empezar. Pensé que qué mejor opción que describir y explicar cualquier canción, película o libro que me hubiese hecho sentir su especialidad, pero inevitablemente todos mis sentidos se encogieron, solo escuchaba la música de mis pensamientos, la película de mi experiencia, y las líneas de mi puño y letra. Al escribir no encuentro un punto concreto en el que fusionar las palabras, en algunas ocasiones las ideas aparecen dispersas, en otras parezco describir un sentimiento caótico y oscuro, en otros critico aspectos de los que yo misma peco. Pero mi intención no es otra que encontrar un lugar para el rumiar que llevo dentro, y que mejor forma que cosificándolo sobre papel en una lluvia huracanada de ideas. Quizás no era esto lo que el profesor de humanidades me había pedido, pero me resulta más fácil hacerlo así, no por que no haya nada externo a mí por lo que reflexionar, sino porque hay demasiado por lo que hacerlo.
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